EPÍLOGO: EL ÚLTIMO REGALO DE GALADRIEL
Las luces del hospital eran demasiado blancas, demasiado frías para alguien que acababa de volver del infierno. Sophía abrió los ojos después de lo que le parecieron siglos. Juanita estaba ahí, con los ojos hinchados de tanto llorar. No dijo nada, solo le tomó la mano con fuerza, como si temiera que desapareciera de nuevo.
Del otro lado estaba Dante con una sonrisa en sus labios, le pareció que se veía feliz pero no lo creía.
Dante sintió que su coraz