NARRADOR OMNISCIENTE
Dante había salido de la habitación de Miranda y corrió directamente hasta la de Sophía, quien se había quedado nuevamente dormida.
Gabriel seguía a su lado, acariciando su dorada cabellera, y sonrió con malicia al sentir a Dante a sus espaldas.
—¿Tan pronto regresas? Puedes tomarte tu tiempo, no haces falta para cuidarla.
Dante, sin pensarlo mucho, lo paró de la silla y lo estampó contra la pared. Sus ojos estaban inyectados de rabia; toda su furia quería descargarla encim