El miedo me carcomía los huesos. Caminaba directo hacia una guarida de lobos.
Para ser sincera, no sé qué demonios estoy haciendo. Solo sé que haría cualquier cosa con tal de que Valentina salga de esto con vida.
—Detente ahí —ordenó el demente.
Estaba oculto detrás de una lona. Solo podía ver su sombra, pero era suficiente para hacer un análisis rápido: medía alrededor de un metro setenta, no era atlético, y su postura encorvada hablaba de alguien tímido, incluso sumiso. Probablemente alguien