Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en la sala de urgencias del Hospital Metropolitano de la capital era denso, cargado con el olor a desinfectante y el murmullo constante de monitores y voces apagadas. Oriana Salazar, cirujana de élite, se despidió de sus compañeras con una sonrisa cansada tras un agotador doble turno. Sus manos, aún marcadas por el roce de los guantes quirúrgicos, temblaban ligeramente mientras se ajustaba la bufanda alrededor del cuello. A sus 32 a&nti







