El camino de regreso a la mansión Montero transcurrió en silencio. Elena, aún temblorosa, mantenía la mano entrelazada con la de Darian como si ese contacto fuera lo único que la mantenía en pie. Afuera, la ciudad pasaba como un borrón de luces y sombras, pero en el interior del vehículo, el ambiente era espeso, cargado de emociones contenidas.
Cuando al fin cruzaron los portones de la mansión, los custodios se dispersaron discretamente, dejándolos a solas. Darian no dijo nada, solo la tomó por