La luna llena seguía ardiendo fuera, un disco pálido que colaba su luz en franjas sobre la cama desordenada. El cuarto olía a sudor, a agua y a algo más oscuro, como tierra removida después de la lluvia. Elena quedó recostada entre las sábanas, la respiración aún agitada, la piel caliente por la marca reciente en su cuello y por todo lo que había sucedido esa noche. Darian permaneció a su lado, con la espalda apoyada en el respaldo, mirándola como si la estudiara por primera vez y, al mismo tie