Sonia
Había entrado con el corazón destrozado en aquel edificio, pero al salir sentía que ya no estaba dentro de mi pecho. El dolor era tan profundo que me resultaba imposible creer que seguía allí, y no donde mi hermana y ese hermoso sobrino que me recordaba a mi pequeña y loca Elise.
Cuando me metí en el auto, las piernas me temblaban y notaba el rostro sumamente caliente. Alessandro me atrajo hacia su cuerpo y me sentó en su regazo, mirándome preocupado. A pesar de la angustia que veía en aqu