Mundo ficciónIniciar sesiónEl ciclo escolar de la Academia de Élite llegó a su fin bajo una tormenta de nieve que parecía querer sepultar los pecados cometidos en sus muros de piedra. Mientras la mayoría de los estudiantes celebraban el inicio de las vacaciones de invierno, preparando sus equipajes de diseñador para volver a sus reinos de lujo, Meryem se encontraba en su celda, intentando coser con dedos entumecidos los jirones de su uniforme. No esperaba una bienvenida, ni un abrazo; solo esperaba sobrevivir al trayecto de vuelta.
El Hallazgo de la Infamia
Baco, que ya se había graduado de sus exámenes finales de Estrategia con honores, no podía esperar un segundo más. Ignorando las advertencias de los decanos sobre el protocolo de las áreas de dormitorio, se abrió paso hacia el ala de las lobas de alto linaje. Su intención era recoger a Meryem y escoltarla personalmente, pero cuando llegó al área donde "habitualmente" debían estar las descendientes de Filipo, solo encontró habitaciones vacías con chimeneas encendidas.—¿Dónde está la estudiante 0-Blanco? —le preguntó Baco a una preceptora, su voz era un trueno contenido.
La mujer, temblando, señaló hacia la Torre Norte, el área reservada para los castigados y los parias. Baco corrió por los pasillos húmedos hasta llegar a una puerta de madera podrida. Al abrirla, la imagen le desgarró el alma: Meryem estaba sentada en un camastro de hierro, sin mantas, en una habitación donde la escarcha cubría las paredes interiores. No había calefacción, solo el frío sepulcral de la negligencia criminal.
La ira de Baco se encendió como un incendio forestal. Al ver las cicatrices mal curadas en los hombros de Meryem y su piel traslúcida por la falta de alimento, el León Dorado rugió con tal fuerza que los cristales de la torre estallaron hacia afuera.
—¿Esto es lo que llaman educación? —rugió Baco, mientras envolvía a Meryem en su propia capa de piel de lobo, sintiendo cómo ella temblaba violentamente contra su pecho—. ¡Juro que cada piedra de este lugar pagará por este frío!
La Estancia en la Guarida de la Serpiente
En un acto de rebeldía que sacudió los cimientos de la familia, Baco se negó a regresar a la manada de Valeria en el Valle Central. Informó a través de un emisario que pasaría todo el invierno en la mansión de Maria, en la ciudad del Este. Quería estar cerca de Meryem, ser su sombra y su escudo en el lugar donde ella era más vulnerable.Esta decisión provocó la furia de Valeria. La Matriarca Suprema vio en la desobediencia de Baco la confirmación de sus peores miedos: el León ya no seguía sus órdenes, seguía su corazón. Valeria convocó de inmediato a Maria a una reunión de emergencia.
—Baco se está perdiendo, Maria —dijo Valeria, golpeando la mesa de mármol—. Se ha instalado en tu casa solo por esa niña. El peligro es inminente. Si no aprobamos la ley que prohíba las uniones entre nuestro linaje ahora, perderemos el control de Baco para siempre.
Maria, sin embargo, todavía se resistía a aceptar que necesitaba una ley para controlar a su propia sangre. Se aferraba a la arrogancia. —Valeria, cálmate. Los tutores de la academia me han enviado sus informes finales. Meryem es una cáscara vacía. Dicen que, por ser hija de una humana, es biológicamente imposible que tenga una loba. La han torturado durante un año y no ha mostrado ni un rastro de instinto. No habrá matrimonio porque Baco pronto se aburrirá de una hembra que no puede transformarse.
El Protector Solitario y la Esperanza Rota
Dentro de la mansión de Maria, el ambiente era asfixiante. Beatriz, la madrastra, paseaba por los pasillos como una viuda negra, vigilando cada movimiento de Baco y Meryem. Ella había sido quien dio las instrucciones de tortura a los tutores, y ver que Meryem había sobrevivido y que ahora contaba con la protección física de Baco, la llenaba de un odio bilioso.Baco pasaba las noches en vela en el pasillo, frente a la puerta de Meryem, impidiendo que los sirvientes de Beatriz entraran a molestarla. Esperaba con ansias el regreso de su tío Andrea, el padre de Meryem. Baco estaba convencido de que si Andrea veía el estado en que habían dejado a su hija, su sangre de lobo despertaría y pondría fin a la tiranía de Maria y Beatriz.
Pero la suerte no estaba de su lado. Andrea fue retenido en el extranjero por "complicaciones comerciales" orquestadas por Maria. No había nadie más. Baco miraba a Meryem, quien apenas hablaba, sus ojos violetas fijos en la nieve que caía tras el ventanal de la mansión.
—Contaremos la verdad, Meryem —le decía él, tomándole las manos frías—. Tu padre vendrá y todo esto terminará.
Meryem lo miraba con una tristeza infinita. Ella sabía lo que Baco se negaba a ver: su padre era solo otro peón en el tablero de Maria. Mientras tanto, en las sombras de la mansión, Sasha se preparaba para su propio ingreso a la academia al año siguiente, alimentada por el odio de su madre. La paz del invierno era solo una ilusión; la tormenta real estaba cobrando fuerza, y el destino de los lobos de Filipo colgaba de un hilo de plata que estaba a punto de tensarse hasta romperse.







