Capítulo 7— Deséame suerte
Narrador
Llegando la hora de la mencionada inauguración del casino, Barbara se observaba frente al espejo un tanto renuente a querer asistir a este, ya que nada de lo que se probaba parecía gustarle. Herodes, para ella, mandó a pedir cambios de ropa, zapatos y accesorios para hacerla ver como la señora Prat; aún así, nada de lo que se probaba de las exquisitas piezas le agradaba.
Permaneciendo por más tiempo con un vestido corto de tiras delgadas que dejaba gran parte de su espalda descubierta, era este el que menos detestaba. Al ingresar a la habitación unos minutos después y verla, Herodes soltó:
— ¡Fiu! ¡Fiu! Pero qué hermosa... Definitivamente la vista de todos estará puesta sobre nosotros esta noche.
Rodando los ojos al verlo entrar mientras se colocaba unos aretes, Barbara regresó al espejo para revisar por quinta vez su atuendo, y ordenando sus cabellos rubios que caían en cascadas sobre su vestido respondió:
— ¿Y qué te hace pensar que eso me importa