Capítulo 8— Un canario en una jaula de oro.
Capítulo 8— Un canario en una jaula de oro.
Narrador
Pasando la mirada de Fabián al otro lado de la mesa a Herodes mientras el bullicio del lugar parecía perderse, Bárbara pensó en una salida, e insistiendo Herodes siseó entre dientes en una clara advertencia que estaba a punto de perder la paciencia.
—¡Vamos, Bárbara! Es un pu*to beso... No notas que todos nos están mirando.
Regresando la mirada a Fabián, este se mantenía atento a cada uno de sus movimientos, y liberando una bocanada de aire, sus ojos se cristalizaron por lo que tendría que hacer. ¿Qué carajos ganaba Herodes con todo esto, no se suponía que era el mejor amigo de Fabián, su hermano del alma? ¿Cómo era que de la noche a la mañana se había vuelto el verdugo de ambos?
Viendo cómo Fabián tragaba grueso en espera de lo que haría, Bárbara apretó los labios, e inclinándose ligeramente depositó un casto beso en la mejilla de Herodes, quien sonrió de lado enseguida antes de soltar:
— ¿Preparados, señores? Porque los haré triza