Capítulo 28— Lo deseában
Narrador
Una vez dentro, Herodes sintió la tensión súbita del cuerpo de Barbara. Ella respiró hondo, insegura. Era su primera vez en un lugar así. Entre trajes hechos a medida, sonrisas falsas y ojos que juzgaban todo sin decir nada. Herodes se inclinó hacia ella, le apoyó la mano en la parte baja de la espalda, firme pero sutil. El calor de su palma atravesó su piel, haciendo que lo sintiera cada vez más cerca.
—No estés nerviosa —susurró contra su oído— Todas estas mujeres deberían envidiarte… y todos los hombres deberían estar rendidos a tus pies.
Barbara sintió un vuelco en el estómago. No solo por sus palabras. Sino por cómo las dijo. Como si lo creyera de verdad, como si nada en esa sala pudiera opacarla mientras él la llevara. Y por un segundo, lo creyó ella también. Herodes se enderezó, deslizó la mano por su espalda hasta rozar apenas su cintura, y la guió como si fueran la pareja más esperada de la noche. Y tal vez lo eran, porque cuando los not