Mundo de ficçãoIniciar sessão"Ella soñaba con embarazarse de su esposo, pero él, la engañó con su mejor amiga y tendrá un bebé con ella..." Arianna, pensó que aspiraba al puesto de ejecutivo junior. Sin embargo, estaba equivocada. Aquiles D’Amico, lo que buscaba era una…¡Celestina! Aquiles era rico, intimidante y dolorosamente atractivo, de modo que, ¿para qué necesitaría que alguien lo ayude a conseguir pareja? Fácil, no está dispuesto a enamorarse. Pero, la atracción será innegable. La tentación por aceptar un acuerdo privado, irresistible. Ellos están seguros de poder manejar la situación. No obstante, enfrentarse a los celos de un exmarido obsesionado, y un socio traidor, no será fácil.
Ler maisArianna —Creo que nos va a ser imposible seguir por este camino. —Entrelazó sus dedos con los míos sobre su pecho y me besó los nudillos para suavizar la noticia —. Me parece que lo mejor sería que demos la vuelta, hasta el último lugar que me resulta familiar. Desde allí seguro logro ubicarme —Mis ojos se abrieron de par en par. «No estaba ni cerca si creía que volvería atrás, yo era quien llevaba el vestido de novia. Sin mencionar que estaba embarazada de casi seis meses». Pensé y respiré antes de exteriorizar lo que pensaba. —¿Crees que voy a volver caminar por la arena dos kilómetros más, con vestido de novia? —Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa —. Será romántico dijiste… —Alcé una ceja. —El muelle no debe estar lejos. —Eso es lo que me dijiste hace veinte minutos y continuo dando vueltas con el vestido de novia puesto. —Podrías quitártelo, apuesto que lo que llevas bajo ese vestido es igual de interesante. —Le di un puñetazo en la espalda, lanz
Aquiles Todo era perfecto, de un lado se podía ver el mar azul, y el sol perdiéndose lentamente en el horizonte. Por otro, sobre la arena, sillas blancas con listones y arreglos florales en tonos pastel. Solo las suficientes para que nuestros amigos y familiares más cercanos nos acompañasen. Una enredadera de flores como rosas, peonías y gardenias en tonos claros bordeaban el pasillo. Ella caminaría hacia mí, por ese pasillo, para apostar pasar su vida junto a alguien como yo, a pesar de mis defectos, porque podía ver lo mejor de mí. Yo me encontraba a un lado del altar, bajo el arco de flores. Retorciendo con impaciencia mis dedos y con la mirada fija en la cabaña donde la estaban preparando. Más allá estaba la carpa blanca donde se serviría el banquete, todo estaba iluminado con candelabros de vidrio enterrados en la arena, sillones y tumbonas a lo largo y ancho de la playa. Flores por doquier, guirnaldas de pequeños focos que creaban un ambiente tan romántico como el que ella m
Cuatro meses después…AriannaMe di un largo baño de espuma y salí completamente despejada. Pocos minutos después, a pesar de que solo eran cuatro personas en la habitación, podía escucharlas desde el baño cotilleando y chillando como locas. Al entrar en la habitación, Nora me ofreció un chocolate que acababa de calentar en el microondas. El sabor a chocolate, bajó por mi garganta, haciéndome sentir aún mejor de lo que estaba. Ya sentía en mis venas la serotonina del gran día que me esperaba; sin embargo, solo bastó un trago de aquel elixir para comenzar a sentir eufórica. ¿Cómo era posible que fuese experta hasta para preparar chocolate? En cuanto no quedó una gota en el vaso me senté en una silla frente al tocador y mi amiga comenzó a colocarme una mascarilla para que mi piel estuviese fresca antes de Nora me maquillase. Una vez que me puso la máscara, buscó a tientas la plancha para el cabello y el secador. —¿Qué pasó con Johnny? —Pregunté ayudándola a preparar las cosas para
Arianna —¿Estás segura de que no quieres compañía? —Ares, se apoyó en la pared junto a la entrada. Se veía agotado y estaba segura de que si lo dejaba quedarse, no descansaría nada. Se preocupaba demasiado. —Muy segura, probablemente me quede dormida en cuanto ponga un pie en la habitación —. Una mueca de preocupación, reafirmó mi punto. —Deberías comer algo —. Se incorporó y estiró el cuello para ver hacia adentro —. No te han dejado la cena. —Todavía es temprano, y además pedí que suspendieran el servicio —me encogí de hombros —, pero no te preocupes, debo tener algo para calentar. En todo caso, pediré algo de ser necesario. Solo ve a tu departamento e intenta dormir. Mañana será aún más intenso —. Al día siguiente, Aquiles, prestaría declaración, ante el juez, que emitió su orden de aprensión. Ambos suspiramos al unísono —. Solo dime a que hora debo poner la alarma para estar lista, cuando vengas a recogerme. Ladeo la cabeza y se rascó la barbilla. —Sinceramente, no tengo





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