Aquiles
Todo era perfecto, de un lado se podía ver el mar azul, y el sol perdiéndose lentamente en el horizonte. Por otro, sobre la arena, sillas blancas con listones y arreglos florales en tonos pastel. Solo las suficientes para que nuestros amigos y familiares más cercanos nos acompañasen. Una enredadera de flores como rosas, peonías y gardenias en tonos claros bordeaban el pasillo.
Ella caminaría hacia mí, por ese pasillo, para apostar pasar su vida junto a alguien como yo, a pesar de mis