Para Verónica, tratar de actuar como si nada hubiera pasado no era fácil. Lo estaba intentando. Realmente lo estaba haciendo. Atendía a su hijo con normalidad. Estudiaba. Se ocupaba de la casa. Sin embargo, de cierta forma, las cosas eran diferentes. Cada noche, cuando se quedaba sola, escuchaba una voz en su cabeza que le repetía lo fácil que era caer, lo simple que era perderlo todo otra vez.
Y aquello era un tormento.
Estaba segura de que no se repetiría, pero aun así el miedo estaba allí.
Y