No meditó tanto ese “sí”. No necesitaba hacerlo. Con aquel hombre era con quien deseaba compartir su vida, así que un mes después se celebró la boda. Fue sencilla. Como quería.
No era una mujer de extravagancias, por esa razón en la iglesia no había flores colgando del techo, ni mucho menos más de veinte invitados.
Eligió algo simple: un vestido blanco sin encaje ni velo. Le quedaba hermoso, no solo por su costoso diseño, sino porque por fin se notaba tranquila, libre. Había cicatrices, sí. Pe