Verónica estaba sentada junto a la ventana, con una manta sobre las piernas y la mirada perdida en el jardín. Se sentía suspendida en una especie de limbo.
Cuando tocaron la puerta, no se movió. La verdad era que no le importaba quién pudiera ser, después de todo era demasiado predecible.
—¿Verónica?
Se giró lentamente, pero lo que encontró no fue a la enfermera como esperaba, sino al rector de la universidad.
—¿Qué… hace usted aquí? —preguntó, sin ocultar su sorpresa. Recordando tambié