El llanto del pequeño Matías la despertó. Se estiró con calma, sintiendo que todo su cuerpo dolía de una manera deliciosa. El recordatorio de lo que había hecho estaba presente en cada uno de sus músculos adoloridos.
Luego de atender a su hijo, salió de la habitación y se encontró con el sofá hundido y algunos cojines tirados. Otra prueba de que lo que había pasado entre los dos no había sido producto de su imaginación.
«Fue solo sexo. No fue nada», se dijo. No sabía por qué, pero necesitaba ma