—Juraría que sabías perfectamente que iba a venir —dijo con simpleza, como si en el fondo supiera cuáles eran sus intenciones a meter a toda esta gente.
Los demás parecieron notar la tensión que se estaba formando entre ambos porque, poco a poco, fueron despidiéndose. Cuando el último cerró la puerta, el silencio en el departamento se volvió insoportable.
El hombre no hablaba. Solo la miraba. Y Verónica… lo disfrutaba como nunca.
—¿Te molesta que me ría con otros hombres? —preguntó con fingida