Valeria entró en la habitación sin decir palabra. Sus ojos viajaron rápidamente hacia el hombre recostado en la cama, el cual tenía una venda ceñida sobre el costado izquierdo. Afortunadamente, la lesión no había sido grave. Simplemente un gran susto. Uno que no pensaba pasar por alto.
Ella se detuvo a unos pasos, y sin mirarlo demasiado, tomó asiento en un banco junto a la cama. La situación era irónicamente extraña, reflexionaba sobre eso con los dedos cruzados. Se suponía que lo odiaba. Bueno, en verdad lo odiaba. Quería quitarle su cargo, su posición, y sin embargo, ahí estaba. Mirándolo con algo parecido a la lástima. O a la compasión. No lo sabía con exactitud, pero siempre fue de corazón noble, un rasgo que… en momentos como este prefería no poseer.
—Dijeron que dentro de unas horas, cuando se completen los estudios, podrás volver a casa —murmuró, rompiendo el silencio.
El hombre no respondió con palabras, sus ojos hablaban por sí solos. Se clavaron en los de ella de una manera