Desde que salió del hospital, supo con exactitud que no podía seguir atada a Enzo. El hombre era un grano en el trasero, insistente y molesto.
Decía estar arrepentido y querer cambiar, pero, ¿podía creerle? Por supuesto que no. Era mentiroso por naturaleza. Astuto, cruel.
Lo había amado en el pasado y había resultado mal. Obviamente no quería repetir el error. Así que marcó a Rodrigo. El hombre que ahora era su mano derecha sabía de negocios, de la bolsa, sabía de un montón de cosas que ella i