El resto del viaje, Valeria se mostró abstraída en sus pensamientos. Demasiado turbada como para decir algo, demasiado sorprendida.
—Llegamos —anunció Enzo en un momento determinado y entonces recién se percató del sitio en el que acababan de estacionarse.
Se trataba de un callejón estrecho y concurrido, donde había varios edificios con fachadas desgastadas. Ropa tendida en cables, personas sentadas con cervezas en la mano, el cableado eléctrico colgando de los postes de luz.
Era simplemente un