Las niñas se lanzaron a los brazos de la mujer que las esperaba con lágrimas en los ojos.
La escena era digna de una película de drama. Llanto por doquier, sonrisas empapadas.
Enzo las observó con atención desde la cima de la escalera.
—¡¿Mis pequeñas, me extrañaron?! —preguntó Valeria, tratando de disimular el temblor en su voz, pero fallando miserablemente en el intento.
Desde que había regresado a Inglaterra, su primer impulso había sido el de ir directamente a la mansión Dubois para busc