Las lágrimas de Valeria mojaban el piso, mientras caminaba apresuradamente a su refugio seguro. Su habitación. El único lugar donde podía estar en paz, aunque fuera por unos minutos.
Se dejó caer sobre la cama, sin siquiera encender la luz. Las lágrimas siguieron bajando mientras abrazaba su vientre.
«¿Qué hago aquí?», pensó. Ese pensamiento se repetía mucho últimamente.
Pero no tuvo tiempo de hundirse más en su desdicha. La puerta de la habitación se abrió de golpe, revelando la figura alta