Al amanecer, su cuerpo se sentía tan ligero y cómodo que no quería levantarse. No sabía qué tipo de magia había hecho Enzo, pero sus manos la habían dejado de maravilla.
Valeria se giró ligeramente abrazando la almohada donde su marido había recostado la cabeza hacía tan pocas horas. Se había ido al trabajo dejándola sola, pero su presencia y su aroma seguían acompañándola.
Todo con él era tan contradictorio.
A veces las señales que le daba parecían indicarle que este matrimonio tenía un fut