Anya palideció, Viktor se tensó en actitud protectora delante del pequeño, mirando a Katya con rabia asesina.
—Cierra tu sucia boca de una vez —Viktor gruñó las palabras con ferocidad apenas contenida— nadie, y mucho menos una alimaña de tu calaña, insultará a mi hijo de ese modo tan denigrante.
Katya parpadeó, observando con renovado interés el cuadro que Viktor formaba acunando al pequeño contra su cuerpo. Un súbito destello iluminó sus facciones mientras entrecerraba los ojos con suspicacia.