Alexei sentía que se asfixiaba cada vez que tenía que estar cerca de Anya, durante todos esos años separados, se había intentado ahogar sus recuerdos en alcohol y los brazos de otras mujeres vacías. Pero nada funcionaba, el deseo de volver a acariciar la suave piel de Anya, de embriagarse con su exquisita esencia femenina, lo perseguía incluso en pesadillas.
Aquella mujer había sido una hechicera que le había robado la voluntad desde la primera vez que la tuvo entre sus brazos, sometiéndolo baj