Las sirenas de las ambulancias y patrullas se escuchaban cada vez más cerca de la destruida mansión Petrov.
Paramédicos y policías entraron encontrándose con una escena espantosa: cadáveres por todos lados en medio de los escombros.
Revisaron uno por uno los cuerpos sin vida, hasta que un paramédico gritó desde la entrada del salón principal.
—¡Por aquí! ¡Hay un hombre con débiles signos vitales, aún respira!
Rápidamente prepararon la camilla y lo estabilizaron para trasladarlo de emergencia