Julieta
No, no y uno. Eran las respuestas que recibía. Y si hubiese otra forma de decir no, me lo dirían también.
—Es mi deber, podría ayudarte. No quiero que te enfrentes solo a eso —clamaba.
—Me enfrentaría a cualquier cosa antes de ver que Ricardo o mi padre te hagan daño. Ya sabemos lo que piensan de los humanos, y por nada del mundo dejaría que pronunciaran algo sobre ti. Que tu nombre estuviera en sus bocas —rugió. —¿Y sabes por qué?
Lo observaba preocupada. Estaba angustiado, no dormía,