Eva
—No me gustas y nunca me gustaste. Sabía que había algo extraño en ti, palidita —dije cruzada de brazos. La pequeña chica temblaba frente a nosotros. Se había amarrado un pañuelo en la cabeza, cubriendo su característico rubio muy claro. Tenía una mochila pequeña y ropa sencilla, preparada para vivir en el bosque. Pues esos debían ser sus planes.
—Cuéntanos, Connie, ¿qué sucede? ¿Por qué huías? —preguntaba Cachorrito.
—Porque es una espía, una niña cobarde que vendió a Damian. Y ni qué deci