Damián
Ella me odiaba, podía sentirlo. No solo eso: estaba decepcionada de mí. Los mates no solo se aman, se admiran uno al otro. Yo la admiraba a ella desde el primer día, pero… le había dado la peor de las imágenes desde el primer momento.
—Quiere rechazarnos… va a rechazarnos —le dije a Ronan, y él se negaba.
—¡No voy a perder a mi mate por tu culpa! —gritaba. Ella huía, y ese maldito trato nos gobernaba. Caí de rodillas y directo al suelo, mientras ella gritaba.
—Damian… —suspiró, acercándo