Damián
Esa mañana me levanté profundamente estresado. Casi no podía dormir, pensando en el plan y también dándome cuenta de que no iba a poder despedirme de Julieta como deseaba. Recordé el beso, como nos tocamos y mi lobo aullaba.
—Esto lo hacemos por ella —le dije a Ronan, ya maldecía y me decía palabrotas que prefiero no repetir. El camino transcurrió sin incidentes, excepto por las miradas y sonrisitas que compartían Eva y Octavio.
—Basta compórtate—le decía a través del vínculo, y él pare