Eva
—Pensé que quizás... te gustaría que nos viéramos una última vez.
—Nos estamos viendo... —respondí. Él se acercaba a mí. Verlo de cerca era un privilegio: esos ojos hermosos, una cara de modelo, casi perfecto. Y su sangre me hablaba, me decía tantas cosas, especialmente “ven, ven”.
—Más cerca, me refiero...
Estaba nervioso, podía sentirlo.
—¿Así está bien? —le pregunté cuando nuestros cuerpos se tocaban, y lo escuché jadear.
—Más que bien...
—Eres un lobo valiente, eso debo reconocerlo. Alg