Damian
—¿Dónde demonios está Octavio?
Estaba nervioso. Extremadamente nervioso. Como jamás había estado en mi vida. Mi estómago era un nudo; casi no pude comer.
—Debe estar por llegar. Está todo perfecto, alfa. ¿Hay algo que quiera cambiar? —me preguntaba Leticia.
—No, la verdad es que no. Todo está… perfecto.
Si que lo era. Los alfas soñaban con el día en que su Luna se uniera a la manada, el día en que estarían completos por fin. La ceremonia sería en el centro de la ciudad, en la gran plaza,