Eva
—Mi Cachorrito parece animado— murmuré. Él se acercó a mí; podía sentir su piel entre mis dedos sin siquiera tocarlo. La suavidad, su aroma… lo percibía todo sin contacto. Veía sus labios sonrojados, como si imaginaran nuestro beso, como si saborearan los míos.
—Se podría decir que sí. Tengo ánimos porque tengo alma, vida. Gracias a ti —susurró con melancolía y pasión… algo mucho más profundo que deseo—. Estaba muerto, Eva, lo sentí. Adonis me lo dijo, se despidió. Pero estábamos felices de