Julieta
Leticia preparaba el descenso a los túneles, la ciudad era un revoltijo de gente corriendo, de guerreros en guardia. Los gritos sobrepasaban los temblores y la destrucción que poco a poco iba pasando factura a Ciudad Ónix: en algunas paredes, en los techos que se caían, en los postes de luz que echaban chispas. Iba a seguir en pie, pero teníamos que apurarnos.
—Llegó mi hora, Luna. Debo intentar ayudar al alfa. Corran, no se detengan, apliquen las runas tal como dice el libro. Mi poder