Damian
Julieta huele a familia, a hogar, a todo lo que quisiera proteger encerrándolo entre mis brazos para siempre. Pero la batalla me espera, y si quiero cuidarla, tengo que pelear.
—No salgas —le digo, acariciándole la mejilla—. Te necesito aquí adentro. Tú puedes ganar esta guerra de la mejor forma: con conocimiento y tu inteligencia, no con golpes ni fuerza.
—No quiero dejarte solo…
Mi pecho vibra como si Ronan arañara las paredes para intentar consolarla.
—Dejé de estar solo el día que te