Nora
—¡El alfa viene! ¡El alfa y la Luna vienen! —gritaba Leticia en la puerta de la oficina, y salí corriendo.
—¿Por dónde?
—Están a medio camino —respondió, cuando sentimos otro temblor. Se estaban haciendo más frecuentes. Era como si la hechicera alzara su mano e intentara tomar el ónix, deseando que viniera por su propia voluntad. Lo llamaba, lo invocaba y temía que pronto llegara a sus manos.
—Giacomo y los vampiros siguen buscando en las afueras. Tarde o temprano llegaremos a dar con ella