Eva
—Vaya, eso había sido… vaya…
Me quedé observando la manada. O debería decir el campo de batalla. O lo que quedó de eso. No sabía qué era… solo había humo, escombros, la tierra revuelta. La casa de la manada estaba en ruinas, y otras casas también.
Pero, con todo y eso, se podía respirar un poco de paz. ¿Acaso no era eso una locura? Quizás solo algo inesperado.
—A veces, para poder construir algo nuevo, hay que destruir lo anterior —suspiró Fabrizio, que observaba conmigo.
—Esto fue pasar u