Damián
—¡Julieta! —grité corriendo tras ella.
Vi a Freya intentando poner orden. Había desaparecido. La manada estaba en llamas, la casa destruida. Era un completo infierno. Pero a mí no me importaba nada más.
—¡Beta! —llamé a Octavio cuando se atravesó en mi camino.
—Nuestra Luna… Julieta…
—Lo sé. No entiendo qué pasó, pero debo buscarla.
—Nos encargaremos de la manada alfa —apareció Fabrizio. Sabía que podía confiar en ellos.
No habían pasado ni quince minutos desde que había sido nombrado co