Julieta
Ricardo me había tenido encerrada. Verdugo venía a verme de vez en cuando; me gritaba, me sujetaba y me soltaba. Me hablaba de la vergüenza que era, de la cobardía de Damián e insistía en su lobo que había sido asesinado.
No conocía esta manada, pero honestamente creía que no merecía ser salvada. Cuando salí y vi el caos y los destrozos, entendí que los lobos amaban su tierra y luchaban por ella de una forma que nosotros, los humanos, nunca entenderíamos. Damián había hecho una promesa y