Damián
—¡Es culpa tuya! ¡Bastardo! —gritaba Ricardo, rugiendo como loco. Otros alfas y sus propios guerreros lo sostenían, a pedido de los hombres del Consejo. Esto nunca debió haber sucedido. Todo esto rozaba lo irreal.
—¡Está viva! Pero muy malherida, necesita ayuda urgente —exclamaba Nora atendiendo a Luz, mientras mi padre aullaba.
Lamentablemente podía entender todos los sentimientos allí: yo había perdido a mi madre en un ataque y había visto en peligro y herida a mi mate. Dos sentimiento