A pesar de la descarada y seductora invitación de Massimiliano a quedarse en esa burbuja, la realidad tiene la mala costumbre de no pedir permiso para entrar.
Se sentaron frente a frente en la inmensa isla de granito de la cocina. Massimiliano le había servido un plato de tostadas francesas con fruta fresca y una taza de té de manzanilla, recordando a la perfección lo que ella solía beber en la oficina para las náuseas. Era un detalle tan íntimo y considerado que, bajo otras circunstancias, hab