El imponente auto negro se detuvo con un suave ronroneo frente al modesto edificio de ladrillos desgastados donde vivía Alisson. El contraste entre el vehículo de lujo y la calle mal iluminada era abismal. Antes de que el chofer pudiera siquiera apagar el motor, Peter ya había salido para abrir la puerta trasera.
Alisson hizo el amago de deslizarse hacia afuera, apoyando las manos en el marco de la puerta.
—Puedo hacerlo sola. Gracias por traerme, señor Fitzwilliam —murmuró ella, sin mirarlo, i