Alisson había bajado corriendo apenas le avisaron, pero ya era demasiado tarde. Brenda estaba parada en medio de la inmensa recepción de mármol blanco, con el maquillaje corrido, el cabello revuelto y señalando a los guardias de seguridad que intentaban calmarla.
—¡No me toquen! ¡Quiero ver a mi hija! ¡Esa pequeña zorra me debe dinero! —gritaba Brenda a todo pulmón, haciendo eco en todo el lugar. Varios empleados de diferentes departamentos se habían detenido a observar la penosa escena, murmu