Miranda dejó caer su bolso al suelo con un ruido sordo, llevándose ambas manos a la boca. Noah tenía los ojos tan abiertos que parecían a punto de salirse de sus órbitas. Regina, cumpliendo su promesa de lealtad, fingió una expresión de asombro total, aunque sus manos se apretaron con fuerza en los reposabrazos de su silla de ruedas, aterrorizada por lo que le harían a su amiga.
Alisson no podía respirar. El aire se había vuelto espeso, venenoso. Sintió que el asfalto se abría bajo sus pies. Su