Pasada la medianoche, una tormenta eléctrica brutal se desató sobre las montañas. El viento aullaba como una fiera herida, azotando las ramas de los árboles contra los inmensos ventanales de cristal del ala oeste de la Villa. La lluvia caía en cortinas espesas y violentas, y los truenos retumbando en lugar.
De repente, un relámpago cegador iluminó la habitación, seguido instantáneamente por un trueno ensordecedor. Un segundo después, la energía eléctrica de todo el complejo falló. La suite que