Pasando junto a Ainara, la vio aplaudirle con furor. Una nueva sonrisa cargada de malicia se dibujó en su rostro.
Ella les haría probar el mismo infierno al que injustamente la habían sometido.
Sabiéndose fuerte, capaz y poderosa, la hermosa castaña llegó hasta la entrada de su elegante consultorio, y con aquellas tijeras, cortó orgullosa el listón rojo. Cuando esté cayó al piso, lo supo: ese era el inicio de su revancha.
Fernando Toledo miraba a esa mujer que sonreía en aquella gala. Sonriendo