—¿Qué es lo pretendes? sea lo que sea, esto no es correcto. — dijo la abochornada castaña al percatarse del movimiento brusco del mecanismo.
—¿Por qué no? — cuestionó Fernando roncamente mientras deslizaba una de sus manos bajo la blusa formal de su esposa, buscando acariciar la suavidad de sus senos. — Ya lo hice, lo correcto sería terminarlo…— le dijo sobre sus labios.
Su masculinidad dio un tirón ante la idea, endureciéndose más; Aitana lo calentaba aun sin darse cuenta. Evadiendo el sostén,