—¿Cómo puedes decir eso? — su voz también fue baja sin perder su gravedad.
Aitana perdió fuerza en el abrazo que Fernando le daba y tragó pesadamente, en ese momento un sollozo quiso escapar, lo detuvo y eso dolió.
Fernando giró la silla y la tomó de la mano para sostenerla, Aitana lo vio desde su mediana altura y él la jaló, la tomó de la cadera y la obligó a subirse a horcajadas sobre él, el sofá los soportó, la luz apagada de esa habitación y el silencio casi total, sumado al suave respirar