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Aquellos ojos eran apasionados, tan bellos, Aitana pudo ver en ellos ese instinto posesivo que ya varias veces había padecido en sus brazos, su cuerpo se estremeció y buscó callar el gemido que le quemaba el pecho en busca de liberación al besar sus labios, pero él se lo impidió, Aitana gimió frustrada, él siguió envistiéndola con fuerza y mientras con una mano la sujetaba, con la otra apretaba uno de sus senos y él botón de rosa a su paso.

Fernando escuchó un agudo gemido de Aitana y lo colmó
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